27 Enero 2021
En una anterior entrada del blog os hablo de las propiedades, beneficios y contraindicaciones del Romanesco.
En esta ocasión la receta es algo parecida a la anterior, aunque aquí predomina el tomate triturado y más zanahoria, que le aporta dulzor y textura y el resto de los vegetales la enriquecen.
Es un plato vegano, rico y fácil de hacer.
Para cortar el romanesco comenzaremos quitándole todas las hojas y troncos duros, siempre desde abajo y con un cuchillo afilado.
Iremos eliminando los troncos mas duros y separando los ramilletes.
A mi particularmente me gustan los tronquitos, por lo que los sobrantes los utilizo para sopas y cremas de verduras, pelados y cortados a láminas, así que prácticamente lo aprovecho todo.
Cuando tengamos todos los ramilletes separados los introducimos en una olla cubiertos de agua con algo de sal y los ponemos a hervir a fuego medio, tapados, unos 7 minutos. Así quedarán bien limpios y no olerá mucho la cocina, pues su olor al cocerse es uno de sus inconvenientes, aunque huele menos que la coliflor.
Esa agua la desechamos, los colamos y los reservamos y ya los tenemos listos para hacer cualquier plato.

Lavamos, limpiamos y picamos en picadora o batidora la zanahoria, la cebolla y los ajos. Esa mezcla la salteamos en una cacerola con Aove y una hoja de laurel.

Agregamos el tomate triturado, sal, pimienta y el laurel y la cucharada de azúcar si consideramos que el tomate es muy ácido. Cuando lleve hirviendo unos 2 minutos ponemos el romanesco, que se termine de cocer en esa salsa.
Lo normal es que haya que echarle algo de agua hasta que se cueza del todo.
A mi me gusta dejarlo poco hecho, crujiente, para que no se deshaga. Y que quede con una salsa consistente.

Cuando esté a nuestro gusto lo apartamos, quitamos el laurel, rectificamos de sal y pimienta y ya se puede servir.
También admite guardarlo de un día para otro, incluso más. A mi me aguanta unos 3 días con todo su sabor y sus propiedades. Y queda bien si se congela.