8 Noviembre 2019
Tal como las conocemos ahora, tienen su origen de la Bretaña Francesa. Aparecieron sobre el siglo XIII gracias al trigo sarraceno traído por los soldados en sus incursiones en Asia.
Parece ser que unos 7.000 años ADC ya se hacían unas tortillas muy espesas, hechas con cereales variados molidos, que se cocinaban en el hogar de las chimeneas en una piedra plana muy caliente y de ahí vienen las creps, digamos... mas modernas. Dulces o saladas.
Actualmente las creps se suelen hacer con harina de trigo común, y en una sartén plana y amplia. También existen en el mercado creperas de diferentes tamaños.
Las creps saladas que os traigo son ideales como un plato ligero o un entrante. Yo suelo ponerlas para cenar como plato único porque considero que tienen todos los nutrientes .
Admiten variaciones en los ingredientes, como agregarles champiñones, calabacín, cebolla, jamón serrano, jamón cocido, bacon ahumado, pollo, etc. y si os gustan, con diferentes frutos secos.
Yo he puesto espinacas, (puedes ponerlas frescas o congeladas) y piñones, que me parece que combinan muy bien.
Con las cantidades que especifico salen 6 creps finitas, en una sartén de 22 cm de diámetro. Y nos solemos comer 2 unidades cada uno.
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Hacemos las creps poniendo en la sartén unas gotas de Aove de cada dos, extendiéndolo con una brocha.
Echamos un chorrito de masa de cada vez, moviendo la sartén para que quede distribuida en toda la base, procurando que quede uniforme y finita la masa. Cuando estén doraditas de un lado, la despegamos y le damos la vuelta.
Las vamos poniendo en un plato una sobre otra, tapándolas para que no se enfríen.
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En cuanto estén todas hechas las rellenamos con las espinacas que teníamos preparadas y enrollamos con rapidez para que no se enfríen, tapándolas continuamente.